sábado, 24 de marzo de 2012

24 de marzo

-¿Que es lo que pasa mami?-
-Nada Tomi, es solo viento. - Un viento frío, muy muy frío pensó la mamá.
-¡Mirá! Hay un tito, hay un tito.- dijo entusiasmado el niño, señalando un auto.
- ¿Te gustan los autitos?- rió. Pero dejó de reír cuando vio que se llevaban al vecino. Miró a su nene, lo abrazó y no lo dejó mirar.



-Pa, ¿volviste ya?
-Si, ¿como estás Lau?
-Y... Mal... Vos seguís juntándote con esa gente.
-Lau, ya te expliqué. No voy a dejar de luchar para encontrar a esta gente, ¿Entendés? Ellos se los llevaron. Es lo que hay que hacer. Tengo derecho a hacer lo correcto.
La joven se levantó y dijo -Yo tengo derecho a no tener miedo.- Luego se fue.



En honor a todos aquellos que sufrieron el golpe cívico-militar del 76.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mistake (español)

Yo tenía diecisiete años. Era joven, ingenua, casi normal. Cometí en un error al escapar de casa, pero en ese momento no parecía algo tan grave; muchos chicos de mi edad intentaban escapar de la autoridad de sus padres, querían libertad... al menos por un rato. Pero mi caso era distinto. Mi mamá había muerto de cáncer de pulmón unos pocos meses antes, y mi papá había comenzado a beber demasiado, justo después de la muerte de mi madre. Lo único que quería era escapar de toda esa depresión que me rodeaba. También fue distinto porque yo no tenía donde ir. Cuando los adolescentes escapan de sus casas, la mayoría se queda en la casa de algún familiar o algún amigo, pero yo no tenía ninguno, así que decidí pasar unos días en algún albergue, o algo parecido; cualquier lugar era mejor que mi propia casa.
Luego recordé que unas pocas semanas antes había notado que el edificio de en frente a mi casa estaba abandonado. Era algo extraño porque no notarías que el edificio estaba vacío, a menos que lo miraras con atención. Era un lugar perfecto para quedarse, por lo menos esa noche.
Recuerdo entrar al edificio, estaba oscuro, frío, para nada confortable. Ratas, insectos y arañas eran las dueñas de todo el lugar. Subí por las escaleras hasta el cuarto piso y traté de dormirme en algún lugar donde las alimañas no me molestaran, hasta que finalmente caí en los brazos de Morfeo.
Me desperté, a la mitad de la noche, expectante, esperando que algo pasara, algo que no sucedió, o por lo menos no en ese instante. Comencé a deambular, absorta en la soledad. Vagamente imaginé como habrían sido los departamentos, como los decoraría si ese fuera el caso; estaba tratando de distraerme de las ratas, me ponían los pelos de punta. De repente escuché algo, supuse que era solo un producto de mi imaginación ya que, después de todo, yo estaba pasando la noche en un lugar oscuro y hostil. Pero luego vi a alguien. un hombre estaba ahí, parado. Estaba aterrorizada y paralizada ¿Quién era ese hombre?
- ¿Estás bien?- dijo el hombre
- ¿Quién sos?- protesté. El dio un paso adelante y dijo - No te preocupes, no te voy a lastimar. Yo vivo acá-
- ¿Enserio?- pregunté incrédula - ¿No está abandonado este edificio?
- Si, por eso me quedo acá. Las calles son peligrosas estos días, y tengo la suficiente suerte de estar en algún lugar que todavía tiene agua corriente.-
Me quedé en silencio. No iba a confiar en ese extraño. Algo en mi expresión hizo que el hombre se riera.
- No tenés de que preocuparte, en serio. Muchas chicas llegan borrachas a pasar la noche antes de volver a sus casas. Yo suelo ayudarlas a estar sobrias, asi pueden volver seguras.
- Pero yo no estoy borracha
- Si, me imaginé. ¿Por qué estas acá entonces?
- Me escapé de casa. ¿Vos?
- Bueno, yo estoy en la calle hace bastante ya. Y es horrible. La gente cree que les vas a robar, las bandas no te dejan tocar su territorio... me alegro de haber encontrado este lugar- yo lo estaba mirando fijamente, temerosa, cosa que él notó. - Como decía... la gente cree que yo soy el tipo malo. Lo que no entienden es que no lo soy, para nada... Solo no estoy en la situación ideal. Yo antes tenía mi casa... pero este mundo, está podrido. Un día tenes todo lo que querías, y al otro estás rogando por monedas y un trabajo- cuando dijo esto, me sentí culpable, mi miedo estaba insultándolo.
- Perdón, es que... me asusta.
- No te disculpes. Tenes suerte igual, tengo algo de comida que conseguí hoy del albergue. ¿Querés? - ofreció, pero yo dudé por un segundo.
Después de un poco de charla y comida me di cuenta que podía confiar en este hombre, o eso creí, hasta más tarde esa noche. Me dirigía hacia el punto donde me había dormido un rato antes, cuando el hombre me agarró por detrás y me tiró hacia la pared. Fui tan estúpida, tendría que haber abandonado el edificio en cuanto supe que no era la única ahí.
- ¡AAAAA! ¡POR FAVOR, PARÁ! - grité mientas el gobernaba mi cuerpo y comenzaba a desvestirme. Corrompió en mi cuerpo al tiempo que me resistía - ¡¡¡NOOO!!! POR FAVOR ¡NO! NO. AHHHHHHHHH ¡AYUDA! ¡¡¡AYUDAAAAAAAAA!!! - y me puso una media en la boca. No podía gritar, no podía luchar contra su cuerpo, y de repente sentí algo extraño. A pesar de lo mucho que odié la situación, encontré un oscuro placer en esa corrupción, algo asquerosamente exitante estaba sucediendo. Era como si mi cuerpo entero me traicionara. Y esto continuó por lo que parecieron horas. Cuando terminó conmigo, el hombre me arrojó a través de una ventana rota.
Me desperté en el hospital al día siguiente.
Nunca voy a olvidarme de ese día. Pero ojalá pudiera.

lunes, 5 de marzo de 2012

Mistake (Ingles)

Leer versión en español

I was seventeen years old. I was young, naive, almost normal. I made a mistake by running away from home, but at the time, it didn't seem like a big deal; most guys at my age tried to escape from their parents's authority, they wanted freedom, at least for a while. But my case was different. My mother had passed away a few moths before because of a lung cancer, and my father, he had started drinking way too much, right after my mother's death. I wanted to run away from the depression that surrounded me. It was also different because I had nowhere to go. When teenagers leave home, they mostly stay at a relative's or friend's house, but I didn't have any, so I decided to stay in some shelter, or something like that; anywhere was better than home.
Then I remembered that a few weeks before I noticed an abandoned building in front of my house. It was weird, because if you didn't pay attention to it, you wouldn't notice it was empty. It was a perfect place to stay, and that's where I stayed that night.
I remember entering that building, it was dark, cold, absolutely not comfortable. Rats and bugs and spiders were the owners of the entire place. I climbed upstairs up to the forth floor and tried to sleep somewhere where  pests wouldn't bother me, and finally fell into Morpheus's arms.
I woke up in the middle of the night, expecting something to happen, which did not, at least not at that precise moment. I started walking, absorbed by loneliness. I tried to figure how the apartments used to look like, how would I decorate if I owned one, I was distracting myself from the rats, they scared the hell out of me. Suddenly I heard something, but I guessed it was a product of my imagination, after all, I was spending the night in a hostile environment. Then I saw someone. A man was there, I was terrified, and paralysed. Who was that man?
"Are you okey?" said the man. "Who are you?" I cried. He took a step in front of me and said "Don't worry, I'm not going to hurt you. I live here"
"You do?" my confusion was impossible to hide "Isn't this place abandoned?"
"It is, that's why I stay here. Streets are dangerous this days. And I'm lucky enough to stay somewhere that still has running water"
I stayed in silence. I wasn't going to trust that stranger. Something of the look at my face made him laugh. "You don't need to worry, seriously. A lot of drunk girls just show up here before going to their houses. I help them sober up a little bit, so that they can go back home safe."
"I'm not drunk" I protested.
"Yeah, I figured. Why are you here anyway?"
"I escaped home. You?"
"Well, I've been living on the streets for a long time you know. And it's awful. People think you are going to steel, gangsters wont let you touch their territory... I'm glad I found this place" I was staring at him, fearfully, fact that he noticed. "As I said... People think that I'm a bad guy. What they don't understand is that I'm not... I'm just not in the best situation. I used to have my own house... but this world, is rotten. One day you have everything you wanted, and the next day you are begging for money and a job" when he said this, I felt sorry for him, my fear was insulting him.
"I'm sorry, it's just... this place freaks me out."
"Don't be sorry. You're lucky anyway, I have some food I got from the shelter. Want some?" he offered, but I hesitated.
After some talking and eating I realized that I could trust this man, or so I thought until later that night. I was heading to the spot I had falling asleep some time before, when he grabbed me from behind and threw me towards the wall. I had been so stupid, I should've left the building the moment I found out I wasn't the only one there.
"AAAAA! PLEASE STOP!" I cried while he took over my body and started undressing me. He corrupted my body as I struggled against it  "NOOO!!! PLEASE DON'T! DON'T. AHHHHHHHHH HELP! HEEEEEEEEEELP!" And he put a sock on my mouth. I couldn't scream, I couldn't fight his body, and suddenly I felt something strange. As much as I hated the situation, I found some dark pleasure in that corruption, something disgustingly exciting was going on. It was as if my body was betraying me. And this went on for what seemed like hours. When he was done with me, he pushed me though the broken window.
I woke up at the hospital.
I will never forget that day, but I wish I could.

lunes, 27 de febrero de 2012

Cuchara de metal

Estaba desesperada por salir. Me habían avisado que mi hermana estaba en el hospital, se le cerró un pulmón. Agarré mi celular, la plata para viajar y salí del departamento. Pero cuando llegué al palier me di cuenta que dejé mis llaves adentro, y no estaba la portera. No podía salir del edificio.
Subí nuevamente, aún sabiendo que no iba a poder abrir la puerta; tenía una cerradura nueva, reforzada, producto de la paranoia de mi papá. Miré hacia la puerta y luego intenté empujarla, en vano, claro está. Desesperada cerré mis ojos y empujé nuevamente, con toda la fuerza que me fue posible aplicar, como si eso fuese a ayudar en algo. Luego de unos tres intentos cesé. Miré mi reloj, la portera llegaría dentro de cuatro horas. Miré hacia la puerta, pensé en mi hermana.
Agarré el picaporte suavemente y sentí como la puerta se abría, desde afuera, yo la estaba abriendo. Sin pensarlo entré a buscar las llaves. Cuando me dí vuelta para salir, vi que había un hombre joven bloqueando la salida.
-Sabía que tu poder iba a llegar- dijo, y me sonrió.

martes, 31 de enero de 2012

Cóndor

Un cóndor sobrevolando las altas montañas de Esquel, un pueblo de la Patagonia Argentina, se posó sobre la cerca que delimitaba un terreno. El terreno era muy amplio, con una pequeña casa humilde a un costado del mismo. Había ruidos dentro de la casa; un golpe de sartén contra el piso, se removían cajones, y algún que otro portazo.
Pero dentro de la casa, también había gritos. No gritos de miedo, ni gritos de dolor. Eran gritos violentos, gritos de odio y de furia. Dichos gritos, apenas eludibles ante el abrumador silencio, estaban cargados de veneno, probablemente merecido. 
—… ¡Eso es lo que se gana, ¿me escuchaste?! ¡NADA! — Decían los gritos de un hombre cargado de emociones que no podía controlar. — ¿Qué?... ¡Contestáme carajo! ¿Te parece que a mí me gusta hacer esto? ¡¿Eh?!— Un golpe contra una pared, aparentemente con un puño o algo más grande. — ¡Contestáme mierda! ¿Te pensás que yo me merezco esto?... Claro que no, te conviene. — Y el silencio inundó la casa también.
O quizá no era silencio, pero esta vez, las montañas no fueron testigos de la voz del hombre, ni de ningún ataque violento contra ningún objeto, como tampoco lo fue el cóndor, que aún seguía posado sobre la cerca. Menos de una hora más tarde, la puerta de la pequeña casa se abrió, y una mujer salió de ahí, como si nunca nada hubiese pasado, como si su marido nunca hubiese gritado. La mujer, con una cámara de fotos en mano, apuntó  hacia el cóndor, que al escuchar el disparo de la cámara, desplegó sus alas y se alejó velozmente. La mujer apartó la cámara de su cara, dirigiendo su mirada golpeada y llorosa hacia lo lejano. 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Juego

-Uno con veinticinco por favor- dijo una joven de cabellos rubios cuando subió al 41. Se sentó en uno de los asientos del fondo, contra la ventana y se puso los auriculares del celular. Miró hacia afuera, sin pensar en nada, mas que en la letra de la canción que iba escuchando. Así fueron los primeros diez minutos de su viaje, hasta que en el asiento de adelante, se sentó un joven, y ella lo miró distraídamente.
- ¿Que haces acá?- dijo con un falso desdén, y luego sonrió. - No te veía desde...-
- Desde el accidente, si...- dijo él con una escondida tristeza- Pasó tiempo.
-¿Y por qué volviste ahora? ¿Pasó algo?
-No, nada. Solo quería verte. ¿Vengo en un mal momento?
-No, me llamó la atención. Pensé que no me querías hablar más- dijo la joven mirando fijamente por la ventana, y con un tono de voz para que solamente la escuche su compañero.
-¿Porqué no iba a querer? Desde chiquita sos mi mejor amiga. Además, lo que pasó te lastimó a vos, no a mi.
-Si... Pero, ¿Qué pasó ese día? No me acuerdo nada.
-Ni yo. Solo me acuerdo que aparecimos en un hospital, una semana después de la fiesta de Dolores.
-¿Vos también? Pero si... ¿Los doctores te podían ver?
-No, aparecí cuando te despertaste. Ese momento que vos estabas dormida... ni idea a dónde fui a parar.
-Que raro ese día, o días...  Bueno, en fin. Contame algo de tu vida últimamente.
El joven rió y dijo- No mucho. Ser visible sólo para una persona es aburrido aunque tiene sus ventajas. Me estoy instalando en la casa de un piloto, es genial, nunca está, tengo la casa para mi solo.-
-Debe ser divertido- dijo la joven entre risas. Fue en ese instante que un hombre gordo se sentó en donde su amigo estaba, y éste desapareció.
La reacción de la chica fue de genuina sorpresa, se inclinó hacia adelante para ver mas de cerca a quien tenía adelante, con los ojos abiertos de par en par. Miró dentro y fuera del colectivo, buscando a su amigo, y nada. Muchas personas voltearon a verla extrañados y finalmente cesó en buscarlo, pero segundos después apareció en el asiento de al lado, sentado encima de otro señor. La imagen era tan ridícula que generó la risa de ambos.
Y charlaron, y charlaron, y charlaron...
-No te olvides igual, de lo que te dijeron hace un par de años.- Le dijo el.
-Si no tiene sentido, no sigas.- contestó ella. En ese momento, recordó lo que había pasado en el accidente.

-No te olvides lo que te dijeron... si no tiene sentido, no sigas. Quizá eso es lo que necesitas.- Le dijo el, sentado en el asiento de acompañante. Ella, destrozada, aún llorando y manejando peligrosamente rápido, contestó.
-Algún sentido tiene que tener. No quiero dejar de vivir. Alguna salida tiene que haber.
-A ver Clara, ¡Pensá! ¿Hace cuanto que le estas dando vueltas, y seguís sin encontrar respuestas? No tiene sentido que sigas atascada en este mundo. Yo soy el único que te ve. ¡Y el resto no me puede ver! Si no le das un fin vos, lo hago yo.- Y así lo hizo. El amigo de Clara, quien la había acompañado toda su vida, agarró el volante y  lo giró hasta que chocaron contra un camión y posteriormente contra un poste de luz. 

Al recordar todo esto, lo miró a los ojos. El pudo notar el miedo en los ojos de Clara.
-¿Que pasó ese día?- insistió ella
-Ya lo sabés... Y curiosamente seguís acá.-
-¿Porqué me quisiste matar?-
-Esa fuiste vos.- Le dijo, mirándola con unos ojos fríos. Ella tuvo miedo. Cerró los ojos y susurró -Andate.- Cuando abrió los ojos, el ya no estaba ahí. El resto del viaje continuó en calma, y ella, un par de paradas más adelante, se bajo. Pero sin que ella lo notara, él apareció detrás de ella, y la siguió. Al pasar en frente de un espejo, Clara lo vio, y salió corriendo. Siguió corriendo hasta que entró a un edificio, cerró la puerta con llave, y dejó que su respiración volviera a la normalidad. Con un suspiro final, se dio vuelta.
Ahí estaba el, en las sombras, mirándola desafiante a unos centímetros de ella, con un cuchillo en la mano. Apuntó el cuchillo hacia ella y dijo -Si no le das un fin vos, lo hago yo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Huracán

Tanta ira, tanta ira.
Sentí un calor en mi cuello, sentí como mis cejas se juntaban. Una onda de furia se revolvía en mi pecho, mientras mis hombros se ensanchaban, pensamientos impropios invadían mi cabeza y un silbido insoportable abrumaba mis oídos.
El calor de mi cuello bajó a todo mi cuerpo, me vibraba la cabeza, punzaba, dolía. Mi respiración aumentaba conforme la onda iracunda subía por mi garganta. El silbido era cada vez mas fuerte, cada vez más agudo, cada vez más penetrante, más mío, porque sonaba solo en mi cabeza. Ése mismo silbido se mezcló con la ferviente onda que salió en forma de grito por entre mis dientes, por entre mis labios, vaciando mis pulmones. 
Más energía, más violencia, más efervescencia. El aire que se escapó totalmente de mis pulmones, el vacío se convirtió en viento. Mis pulmones, mis puños en mi pecho, mi grito, mi fuerza, todo llevaba a que pierda el control. Mis pies se elevaron, el viento que salía de mi garganta se arremolinaba y me elevaba. 
Me convertí en viento. Soy un Huracán.