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lunes, 27 de febrero de 2012

Cuchara de metal

Estaba desesperada por salir. Me habían avisado que mi hermana estaba en el hospital, se le cerró un pulmón. Agarré mi celular, la plata para viajar y salí del departamento. Pero cuando llegué al palier me di cuenta que dejé mis llaves adentro, y no estaba la portera. No podía salir del edificio.
Subí nuevamente, aún sabiendo que no iba a poder abrir la puerta; tenía una cerradura nueva, reforzada, producto de la paranoia de mi papá. Miré hacia la puerta y luego intenté empujarla, en vano, claro está. Desesperada cerré mis ojos y empujé nuevamente, con toda la fuerza que me fue posible aplicar, como si eso fuese a ayudar en algo. Luego de unos tres intentos cesé. Miré mi reloj, la portera llegaría dentro de cuatro horas. Miré hacia la puerta, pensé en mi hermana.
Agarré el picaporte suavemente y sentí como la puerta se abría, desde afuera, yo la estaba abriendo. Sin pensarlo entré a buscar las llaves. Cuando me dí vuelta para salir, vi que había un hombre joven bloqueando la salida.
-Sabía que tu poder iba a llegar- dijo, y me sonrió.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Juego

-Uno con veinticinco por favor- dijo una joven de cabellos rubios cuando subió al 41. Se sentó en uno de los asientos del fondo, contra la ventana y se puso los auriculares del celular. Miró hacia afuera, sin pensar en nada, mas que en la letra de la canción que iba escuchando. Así fueron los primeros diez minutos de su viaje, hasta que en el asiento de adelante, se sentó un joven, y ella lo miró distraídamente.
- ¿Que haces acá?- dijo con un falso desdén, y luego sonrió. - No te veía desde...-
- Desde el accidente, si...- dijo él con una escondida tristeza- Pasó tiempo.
-¿Y por qué volviste ahora? ¿Pasó algo?
-No, nada. Solo quería verte. ¿Vengo en un mal momento?
-No, me llamó la atención. Pensé que no me querías hablar más- dijo la joven mirando fijamente por la ventana, y con un tono de voz para que solamente la escuche su compañero.
-¿Porqué no iba a querer? Desde chiquita sos mi mejor amiga. Además, lo que pasó te lastimó a vos, no a mi.
-Si... Pero, ¿Qué pasó ese día? No me acuerdo nada.
-Ni yo. Solo me acuerdo que aparecimos en un hospital, una semana después de la fiesta de Dolores.
-¿Vos también? Pero si... ¿Los doctores te podían ver?
-No, aparecí cuando te despertaste. Ese momento que vos estabas dormida... ni idea a dónde fui a parar.
-Que raro ese día, o días...  Bueno, en fin. Contame algo de tu vida últimamente.
El joven rió y dijo- No mucho. Ser visible sólo para una persona es aburrido aunque tiene sus ventajas. Me estoy instalando en la casa de un piloto, es genial, nunca está, tengo la casa para mi solo.-
-Debe ser divertido- dijo la joven entre risas. Fue en ese instante que un hombre gordo se sentó en donde su amigo estaba, y éste desapareció.
La reacción de la chica fue de genuina sorpresa, se inclinó hacia adelante para ver mas de cerca a quien tenía adelante, con los ojos abiertos de par en par. Miró dentro y fuera del colectivo, buscando a su amigo, y nada. Muchas personas voltearon a verla extrañados y finalmente cesó en buscarlo, pero segundos después apareció en el asiento de al lado, sentado encima de otro señor. La imagen era tan ridícula que generó la risa de ambos.
Y charlaron, y charlaron, y charlaron...
-No te olvides igual, de lo que te dijeron hace un par de años.- Le dijo el.
-Si no tiene sentido, no sigas.- contestó ella. En ese momento, recordó lo que había pasado en el accidente.

-No te olvides lo que te dijeron... si no tiene sentido, no sigas. Quizá eso es lo que necesitas.- Le dijo el, sentado en el asiento de acompañante. Ella, destrozada, aún llorando y manejando peligrosamente rápido, contestó.
-Algún sentido tiene que tener. No quiero dejar de vivir. Alguna salida tiene que haber.
-A ver Clara, ¡Pensá! ¿Hace cuanto que le estas dando vueltas, y seguís sin encontrar respuestas? No tiene sentido que sigas atascada en este mundo. Yo soy el único que te ve. ¡Y el resto no me puede ver! Si no le das un fin vos, lo hago yo.- Y así lo hizo. El amigo de Clara, quien la había acompañado toda su vida, agarró el volante y  lo giró hasta que chocaron contra un camión y posteriormente contra un poste de luz. 

Al recordar todo esto, lo miró a los ojos. El pudo notar el miedo en los ojos de Clara.
-¿Que pasó ese día?- insistió ella
-Ya lo sabés... Y curiosamente seguís acá.-
-¿Porqué me quisiste matar?-
-Esa fuiste vos.- Le dijo, mirándola con unos ojos fríos. Ella tuvo miedo. Cerró los ojos y susurró -Andate.- Cuando abrió los ojos, el ya no estaba ahí. El resto del viaje continuó en calma, y ella, un par de paradas más adelante, se bajo. Pero sin que ella lo notara, él apareció detrás de ella, y la siguió. Al pasar en frente de un espejo, Clara lo vio, y salió corriendo. Siguió corriendo hasta que entró a un edificio, cerró la puerta con llave, y dejó que su respiración volviera a la normalidad. Con un suspiro final, se dio vuelta.
Ahí estaba el, en las sombras, mirándola desafiante a unos centímetros de ella, con un cuchillo en la mano. Apuntó el cuchillo hacia ella y dijo -Si no le das un fin vos, lo hago yo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Espectro

Yo estaba caminando por la calle. Todo parecía pasar en cámara lenta, y todo se veía en blanco y negro. Nada tenía sentido y estábamos todos al pedo, en pedo, porque vivimos de pedo. La muerte prematura de mi sobrina lo demostraba sin problemas. La vida es algo tan frágil que a veces no se llega a obtener, como ella, que murió antes de abrir los ojos.  Con un ataque de bronca, me desvié de mi camino, puse mis puños en mi frente y los choqué contra una pared.  Una lágrima y un quejido ronco se me escaparon. Me quedé unos segundos así, en estado deprimente, mientras la gente seguía caminando detrás de mí. Me incorporé y me quedé inmóvil, observando a la gente.
Sigo caminando. Un humo rojo se ve entre la gente. Perdón, no era humo, era como una tela o un espectro. Un espectro, la mejor forma de describirlo. Se movía por entremedio de la gente y los autos, los edificios y las luces, como si fuese un rayo, veloz. Daba giros y vueltas, como si estuviese danzando. Se iba acercando a mí. Miré para todos lados, perecía ser yo el único que lo notó. Todo el resto de la gente seguía sin detenerse, apurados, mirando sin mirar.
                El espectro de pronto se fue, desapareció. Todo retomó su curso, aburrido, rutinario y doloroso.  Aminoré mis pasos, aunque no estaba apurado, caminaba para sacar mis penas, sin ir a ningún lado.  Todo estaba en blanco y negro  y parecía pasar en cámara lenta. Yo no podía dejar de pensar en Lucía, y en mi hermano, quien acaba de perderlo todo. Me sentía roto, con rabia. De imprevisto, el espectro rojo apareció frente a mí. Al instante siguiente, este chocó contra mi cabeza, me atravesó y me tiró al suelo.
                Vi todo negro, todo oscuro. Un calor insoportable invadió mi cuerpo entero y mucho odio acumulado comenzó a librarse, como vapor de agua al destapar una olla caliente. La oscuridad se tiñó de rojo y comencé a sentir de forma distinta. El odio, la furia, la ira, se apoderaban de mis pensamientos. Mis recuerdos más tristes, desgarradores y molestos eran todo lo que pasaba por mi cabeza. Sentí como si mi peso fuera cada vez menor y yo comenzaba a flotar, me desvanecía. Ahora yo era solo un espectro. 

domingo, 19 de junio de 2011

Imaginación activa

Las puertas del colectivo se abren mientras termina de frenar. Yo bajo y veo que a mi izquierda una mujer rubia, un poco mas baja que yo, intentar subir al colectivo pero interrumpirse en el proceso, para correr delante mío y agarrar a un niño de unos 3 o 4 años con remera rayada celeste y negra, que estaba llorando. Lo toma en brazos y vuelve a subir al colectivo.
Por algún motivo, esa escena me impresionó sin motivo aparente. Me dirigí hacia mi casa y me dispuse a hacer lo mismo de siempre. Un rato más tarde, en la tele se oyó:
"ULTIMO MOMENTO: Mujer denuncia el robo de su nene Agustín, en plena Av. Las Heras. Señora cuéntenos..." Mis ojos se abrieron dolorosamente, y mi cuerpo se tensó de los pies a la cabeza. No puede ser, es imposible. pensé. Era inútil, estaba convencida de que era el mismo chico y luego de escuchar el reporte entero en la televisión, lo confirmé, era el mismo niño. Agarré el teléfono y me dispuse a hablar con mi padre, sin embargo, antes de poder terminar de marcar el número, se escucha un ligero golpe en la puerta. Dudé por un segundo, y finalmente dije "¿Quién es?" a lo que una suave voz contestó "¿Mami?". Abrí la puerta y estaba aquel nene que se había subido al colectivo con esa mujer rubia, y el mismo que había sido reportado perdido. El nene se puso a sollozar, y yo estaba petrificada, mirándolo fijamente.