viernes, 12 de abril de 2013

El monstruo que vivía debajo de la cama

Me despierto agitado. Son las 4 de la mañana. No hay más que puro silencio en toda la casa, sin contar mis respiraciones, sin contar el palpitar acelerado de mi corazón.  Como todas las noches me dirijo rápidamente hacia el mueble que está al costado del baño. Tembloroso e intranquilo reviso entre las cajas, con movimientos desesperados; se caen los perfumes, y un par de cosas más, y en mi intento por levantarlos golpeo mi espalda contra la puerta del mueble y me desplomo en el piso, asustado. Entro en pánico, me agarro la cara. Intento respirar. Intento mantenerme tranquilo. Me incorporo, y vuelvo a revisar las cajas, aún tembloroso, pero ésta vez de manera más pausada.  Finalmente encuentro lo que estoy buscando. Saco un nuevo comprimido de clonazepam, el segundo de la noche. Yo le dije es todo lo que pasa por mi cabeza. Yo le dije. Quince años de tratamiento, y yo desde el principio sabía que no iba a funcionar.
Al momento de intentar conciliar nuevamente el sueño, me acomodo torpemente en la cama de mi solitario departamento en el barrio de Boedo.  Me mantengo rígido y alerta ante un nuevo ataque de la criatura. Con el correr de los minutos, el cansancio comienza a ganar terreno en mi cuerpo, mis ojos se cierran, mis sentidos ya no están tan alertas y ya no puedo mantener esa rigidez. Es entonces cuando el monstruo que vive debajo de mi cama comienza a apoderarse de mi cuerpo y mi alma.  Este monstruo es invisible, pero yo puedo percibirlo. Puedo percibir como sus garras me empujan hacia abajo, me aplastan en mi colchón, me inmovilizan y no me dejan respirar. Puedo percibir como me acercan hacia el fondo de mi cama, hacia sus filosos dientes, y siento como desde abajo me inunda con su aliento, con puras intenciones de devorarme.
De un sacudón logro incorporarme nuevamente, y el monstruo, o la sensación de su presencia, desaparece. Inundado por el terror, la desesperanza y la impaciencia, mi sentido crítico se ve afectado nuevamente, y caigo en un ataque de furia. Arrojo mis rodillas hacia el suelo, haciendo que retumben en un golpe seco que recorre todos los huesos de mi anciano cuerpo. Mis manos alcanzan la cueva de aquella criatura que me devora todas las noches, quitando todo objeto que allí se encuentra, inundando la habitación de polvo. Caja por caja, bolsa por bolsa, mi adrenalina aumenta, se incendian lugares escondidos dentro de mi cuerpo que no puedo identificar como parte de él, se retuercen mis entrañas, y la sangre espesa recorre mis venas cual serpiente atacando a su presa.
Entonces lo oigo. Un leve tintineo, fugaz, pero desconcertante. Observo debajo de la cama y extiendo mi mano hasta alcanzar una pequeña pieza metálica. La tomo entre mis dedos y la observo fijamente. Es una pieza muy bella, de unos tres centímetros, con una flor roja en el centro, las palabras “The loyal regiment” grabadas debajo y una diminuta corona dorada. Yo sé exactamente cómo fue que esa bella insignia llegó ahí. Finalmente comprendo todo. El monstruo que me torturó por incontables noches durante muchísimos años de mi vida, fue la culpa de haber matado a un soldado inglés en la guerra de Malvinas. 

martes, 29 de enero de 2013

Ventana de chat

< hola. >
Mmm nonono
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< che... >
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< Me llegó un romor, de que no me queres ver ni en figurita, que no se si pensas que soy mala persona o algo. Me gustaría aclarar que nada que ver, nunca quise joderte, nada mas era una pendeja tarada. Ahora soy una pendeja no-tan-tarada. Nada eso... >
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< Hola, tanto tiempo. Todo bien? >
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Aaaaah, no se que hacer. 
< Hola, disculpá que te joda, solo quería decirte que te extraño como mi amigo, a pesar de todo lo que te hice pasar. >
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Mierda.... Mierda que es difícil. 
< Hola, te hablaba para pedirte perdón por todas, onda... no se ni que decir ni que pensas al respecto. > ¿Al respecto de qué?
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< Che... no se... >
<< borrar >> FUUUUUCK!
< Perdón por molestar pero, necesitaba saber si realmente me odiabas como se rumorea. Y si es así, no se, hacerte saber que nunca quise ser forra con vos, ni mucho menos. Disculparme porque me dejé llevar por mi mente en su momento. Y no se, quiero arreglar las cosas. > Soy una estúpida.
<< borrar >> Uff... 
< ...Hola. > ¿Porqué mierda hago esto? < Mirá la verdad no se porqué estoy haciendo esto, solo quiero volver a hablar con vos, se siente raro no poder hacerlo. ¿Como estás? > No, no me animo. 
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jueves, 15 de noviembre de 2012

Despedida

Pasaron cuatro años. Cuatro malditos años. Yo seguí con mi vida perfectamente, pero siempre iba a haber algo que cada tanto me haga regresar a ese momento. Más que al momento, es al remordimiento. Salí de mi casa y comencé a caminar. Llevaba un paraguas, el día estaba triste, lluvioso, mojado. Caminaba con los pies pesados.
El problema empezó sin darme cuenta, sin avisar, rompiendo todo desde adentro. Yo estaba pasando un mal momento, y era mucho más inmadura que ahora, por lo que comencé a hundir gente conmigo, quienes fueron alejándose con el tiempo. Pero nunca me había dado cuenta de que alguien estuvo siempre, que se había quedado aún sabiendo la situación por la que estaba pasando. Más aún, él decidió quedarse aunque estuviese arruinando muchas cosas para el. Hasta que todo se perdió, a causa de mi egoísmo.
Seguí caminando, bajo la lluvia, pensando y recordando cada instante de nuestra unión. No era fácil, para nada fácil, caminar hacia ese lugar, con esta nueva sensación de desesperanza. La gente pasaba como espectros al rededor mío, mientras yo hacía esfuerzos sobrehumanos por no desplomarme en el cemento mojado, derramando lágrimas de luto. Por horas, el camino fue siempre igual, hasta que llegué al lugar.
Las puertas estaban abiertas, una entrada triste y lúgubre que abría paso a un jardín verde, silencioso, con aires de respeto y desconsuelo. Caminé hasta los adentros del jardín, dividido en pequeñas dársenas, pequeñas muestras de un último adiós.
Ahí vi su nombre. Ahí estaba, después de 4 años de no hacer nada por recordar, echando la culpa a mi mala suerte y al destino. Me arrodillé en el pasto húmedo, frente a la inscripción con nombre, fecha y una dedicatoria, poco identificadora a mi parecer. Cerré mis ojos y comencé a pronunciar entre susurros y lágrimas, mi último adiós.
"Perdón... Yo no... Cuándo tu hermana me contó esto... Yo no sabía que estabas, que no estabas más. No... Yo.. " Solté un sollozo "... No será mi culpa que no estés, pero... Juro que no quería que te vayas, no así, no sin... Perdón, perdón, perdón. Ignoré por mucho tiempo que ésto era algo mío, y te arruiné tantas cosas. Perdón por... perdón por no poder... no saber hacerme cargo de lo mío... te obligué a alejarte y no... no... Perdón."
Y ahí me quedé por un buen rato, saboreando la amargura de querer disculparme, y no poder hacerlo. "Porque ya no estás."

lunes, 8 de octubre de 2012

La plaza

Estábamos en una salida. Todos estaban manteniendo diálogos paralelos. Yo cebaba el mate y escuchaba a mis compañeros hablar. Sentada en el suelo de la plaza, las voces de todos se volvían susurros de una noche silenciosa. Su presencia se volvía inexistente.
Y ahí estaba yo, sentada en un bosque. Un bosque sombrío y triste dónde nunca había habido compañía humana. Donde solo estaba yo, acurrucada en mi soledad.
-¡Hey, volvé! ¿Me pasas un mate?
-Sí, perdón. Me colgué.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Lourdes

Las sombras de la cueva llenaban de silencio a los pensamientos de esa mujer. Sólo permitían que en su mente aparecieran voces sin rostro que se remitían a recuerdos dolorosos de su partida. No recordaba ya nada, las pantorrillas le dolían de tanto huir, pero sabía que ya no podía volver. Solo recordaba abstractamente las palabras de su madre "¡Corré, salí, no vuelvas! ¡Corré Lourdes!" y la sensación de desesperanza que eso le dejó. Pero no existía ya nada que la atara al pasado, ya no. Nuevas complicaciones se le avecinaban ¿que hacer ahora? ¿dónde ir? ¿era seguro quedarse ahí?
Dentro de la cueva encontró una planta con una flor muy bella y llamativa. Era completamente inodora. La recogió y sintió como al tacto se volvía como una especie de anestesia. La frotó sobre sus pantorrillas y notó cómo su dolor se calmaba, hasta desaparecer. Pero con el tiempo comenzó a perder toda sensación de existencia de su cuerpo, tanto en sus pantorrillas como en sus manos, los lugares donde había frotado esa flor. Creyó que frotándola sobre su frente, se callarían todas esas voces. Entonces lo hizo, y al hacerlo cerró sus ojos, hasta sumirse en un sueño profundo.

sábado, 21 de julio de 2012

El último líder (Tragedia en EEUU)

Existen dos cosas en este mundo que valen la pena. El futuro y el dueño del futuro. Se les da a todos la misma autoridad de elegir al dueño de un futuro inmediato, cuando ninguno ve el mundo más amplio de lo que les permite su cuello. Ninguno de ellos está destinado a ser el dueño del futuro, por eso es que cada seis años pasan a ser dueños, gobernadores de un pasado. Pero lo que ni los unos ni los otros pueden comprender es que ser un poseedor ilegítimo de un pasado, una parte de la historia, corrompe con los planes del siguiente, y así sucesivamente, hasta que el último líder, el dueño realmente destinado al futuro, se vea incapacitado de realizar su cometido.

Lamento infinitamente la situación de hoy en día. La gente con el cuello rígido no hace más que quejarse de la vida que les toca, del país, la economía y sus líderes. Como he dicho antes, no merecen tener la opción de elegir, cuándo su conocimiento es nulo. Odian a aquél que deberían amar, tachan de tirano al que lucha por su destino, giran en círculos con la cara seria. ¿Por qué tan serios? La respuesta está en que no son capaces de entender la ambigüedad. Eso, ambigüedad es lo que les falta. Amor y odio, tortura y un bien común, todo se reduce a ser uno solo, por eso uno solo puede ser el líder final. No necesito ayuda de nadie para esto y nadie sabe cómo voy a llegar. Ser inmortal es ser una lección para todos y cada uno de ellos. Es ser el que de un giro elemental a la dirección del mundo, después de todo, mi destino es ser el juez último, y condenaré a todo aquel que el destino lo depare. Ha comenzado. Nadie puede detenerme ahora, ni está destinado a hacerlo. Todo está listo para probarle al mundo que yo soy un ser superior, y que soy el único que puede cambiar esta sucia sociedad. Y lo voy a lograr. Mi único obstáculo es esa pequeña peste. Será hora de deshacerme de ese maldito murciélago. No me queda otra que luchar, cuerpo a cuerpo. A la falsa libertad de la gente, arrancarle de cuajo las alas, junto con sus "superpoderes", tomar acción aquí y ahora. Entro a la sala siendo Bane, siendo yo mismo, el único que finalmente destruirá al "héroe", siendo una amenaza según ellos, pero me disfrazo entre la gente. Me veo en la pantalla, desarrollando una embestida ejemplar, única, inigualable. Ser inmortal es eso, precisamente, tener más de un punto del cual florecer. Los directores de esta película creen en la rata voladora, por lo que sé que parte de mi no saldrá vivo de esto. Sin embargo, yo soy el dueño ahora. Me veo en la pantalla generar desastre y confusión. Genial, los pequeños espectadores no tienen idea. Suelto el gas, saco el seguro de las armas, y entro a disparar, me convierto en inmortal, el último líder.

domingo, 3 de junio de 2012

Respirar

He estado respirando por mucho tiempo, mucho tiempo
Que ya empiezo a sentir la contaminación en el aire
Distinguirla, sentirla y probarla
Al punto tal que empieza a afectarme.
Pero mientras mi camino se topa una y otra vez con el océano,
El oscuro, profundo y solitario océano,
Veo que mis versos vuelven a estallar.
Qué pasa si soy demasiado frágil para el viento?
Y qué pasa si no puedo echar raíces en tierra, y el fuego es demasiado violento.
Voy a sumergirme nuevamente en as profundidades de océano
Dónde los sueños no ven la luz
Dónde el agua calla sus injustas voces.